La Verdad
Dramaturgia: Florian Zeller
Dirección: Juan Carlos Fisher
Con Joaquín Reyes, Natalie Pinot, Raúl Jiménez y Alicia Rubio
Diseño de Iluminación Felipe Ramos
Diseño de Vestuario Elda Noriega (AAPEE)
Ayte. de Dirección Rómulo Assereto
Dirección de Producción y Producción Ejecutiva Nuria Cruz Moreno / Fabián Ojeda Villafuerte
Jefa de Producción y Regiduría Blanca Serrano
Ayudante de Producción Fernando de Mata
Gerente en Gira y Regiduría Paco Flor y Mélanie Pindado
Dirección Técnica Alberto Hernández de las Heras
Administración Henar Hernández / Sandra Castro
Coordinadora de Operaciones Jennifer Alonso
Jefa de Prensa María Díaz
Fotografía Sergio Parra
Diseño Gráfico y Cartel Eva Ramón
Adaptaciones y Dossier Óscar Martínez Gil
Una producción de Barco Pirata, Fran Ávila, Producciones Come y Calla, Octubre Producciones y Producciones Rokamboleskas
“La verdad” es una una comedia sobre la infidelidad y las relaciones de pareja escrita por el dramaturgo francés Florian Zeller. En esta versión dirigida por Juan Carlos Fisher (que ha dirigido también las obras de Zeller “La madre” y “El padre”), el protagonista está encarnado por el popular actor, guionista y cómico Joaquín Reyes.
Este espectáculo es un intrigante juego de mentiras donde cuatro personajes manipulan, engañan y tuercen la verdad a su conveniencia.
Argumento:
Miguel es un mentiroso compulsivo rodeado de amigos y familiares que también le mienten. Su esposa, Laura, sospecha que le es infiel, desde esa sospecha, las mentiras se convierten en su forma de resolverlo todo; después de numerosos intentos por ocultar la verdad, Miguel convence a su amante de que la mentira es la única manera de mantener las relaciones y que sin ella, el amor, el matrimonio, la felicidad y la convivencia serían imposibles. Pero, ¿realmente conoce Miguel la “verdad” en la que vive… o él mismo está envuelto en una mentira que él mismo ignora?
Reseñas de prensa
ABC-Castilla-La Mancha
(Antonio Illán Illán)
“La verdad es un espectáculo que funciona como un espejo incómodo: nos reímos de Miguel y compañía, pero en el fondo nos reconocemos en sus trampas domésticas. El público sale del teatro con la sospecha de que la mentira no es un recurso dramático, sino la política oficial de la vida cotidiana”.
